La Plaza Real, uno de los centros neurálgicos del ocio barcelonés, no siempre ha estado un punto dedicado a la cultura y el ocio. En 1718 el espacio que ocupa hoy en día la Plaza Real fue comprado por los Monjes Capuchinos para levantar un convento y no fue hasta 1850 que no comenzó a construirse una plaza de uso público y no religioso.